Tres derrotas (y una victoria) de Putin

El resultado desfavorable para el Kremlin de las elecciones en Armenia se enmarca en una pauta esperanzadora para el proyecto europeísta

Carteles electorales en una calle de Ereván, la capital de Armenia. HAYK BAGHDASARYAN (REUTERS)
Andrea Rizzi

Dejada atrás la pequeña aldea georgiana de Odzisi, echando un vistazo hacia el otro lado del valle se vislumbra con claridad un recinto fortificado: son instalaciones del FSB, el servicio secreto ruso, cuyos agentes se encargan de las tareas de vigilancia de la frontera artificial impuesta tras la intervención armada rusa de 2008 y gracias a la cual Moscú controla el territorio georgiano de Osetia del Sur.

En Moldavia, no hace falta ir a la ocupada Transnistria para sentir el peso de la penetración rusa en el país. Basta con ir a la región autónoma de Gagaúzia, no controlada por Rusia, pero con fortísimos lazos con esta. Ante la sede de la Asamblea Popular de la región hay una llamativa estatua de Lenin, y el ruso domina poder político, sistema educativo y prensa locales.

En Armenia, a poca distancia del centro de Ereván, en dirección al monte Ararat, hay una base aérea con fuerzas rusas. Tanto es así que, en agosto de 2025, un viejo MiG-29 que era transportado ―tal vez para ser retirado del servicio― se descolgó del remolque y se empotró en un poste de infraestructura urbana de la capital.

Con ocasión de viajes a esos tres países entre 2023 y 2025, La Brújula Europea pudo observar —además de esos detalles simbólicos de la presencia y la capacidad de presión de Rusia- el fuerte, mayoritario anhelo de integración europea de las sociedades locales. Eso no fue sin embargo suficiente para evitar la victoria del magnate prorruso Bidzina Ivanishvili en Georgia en 2024. Varios de los opositores entrevistados sufrieron posteriormente represión y encarcelamiento. Pero la victoria hace pocos días en Armenia y las presidenciales (2024) y legislativas (2025) en Moldavia de fuerzas que rechazan el sometimiento a Moscú y trabajan, de distintas maneras, a un acercamiento a la UE representa una excelente noticia.

En el fondo, reafirma el atractivo del proyecto común europeo, demasiado a menudo olvidado. En medio del río de palabras pronunciadas por el Papa durante su visita a España, menos comentadas que otras fueron aquellas que dedicó a la UE, que describió como “un regalo para toda la familia humana”.

En la pugna, los resultados evidencian que se han aprendido lecciones acerca de cómo contrarrestar campañas de desinformación y chantaje rusos, sin duda fundamentales en orientar el voto en Georgia, con un resultado casi incomprensible cuando se tiene en cuenta que un porcentaje ultramayoritario de la población desea la integración en la UE y acabó ganando un partido que lleva al país hacia la órbita del Kremlin. Así que, tras una dolorosa derrota, las fuerzas europeístas han sabido remontar y conseguir dos valiosas victorias.

¿Cuál es pues la tercera victoria que se cita en el titular de esta columna? Es Ucrania.

Por supuesto no lo es en el plano estrictamente militar. Ahí, Kiev está cosechando logros extraordinarios. No solo supo resistir la embestida inicial cuando casi nadie en el exterior pensaba que aguantaría más de dos semanas, y supo después librar una exitosa contraofensiva que liberó mucho territorio. Ahora, con el grifo de la ayuda estadounidense cortado, ha sabido adaptarse y, con ayuda europea, ha configurado una formidable capacidad de defensa, que inflige formidables daños a Rusia que proyectan un gran interrogante sobre su capacidad de sostener una ofensiva exitosa. Aun así, no se puede hablar todavía de victoria en el campo de batalla.

Pero sí es una victoria rotunda la manera en la que se ha reforzado una identidad ucrania propia y europeísta; la manera en la cual Kiev ha sabido construir una defensa extraordinaria, desde hace más de un año prácticamente solo con la ayuda europea. Esto es así hasta un punto en el cual muchos analistas empiezan a considerar que Ucrania se está convirtiendo en un activo para Europa más valioso del coste del apoyo que se le suministra y del coste de la disrupción económica que el ataque ruso acarrea. Ucrania aporta a Europa lo que Europa no tiene: una formidable experiencia de combate, con conocimientos técnicos y tácticos de valor incalculable, y con el ejemplo moral de la valentía.

Tres a uno para los europeístas, pues, en esa región.

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